En este piso en el corazón de Gràcia se reúne todo lo que valoramos en los espacios históricos: generosa altura de techos, luz que entra a raudales por grandes ventanales y la noble pátina del tiempo, que aquí no se ocultó, sino que se descubrió con cuidado.
Una pequeña redistribución permitió adaptar delicadamente el espacio a un escenario de vida contemporáneo, añadiendo un segundo baño sin alterar la lógica arquitectónica original. El gesto principal del proyecto fue la depuración: se liberaron las paredes de capas de yeso antiguo, revelando su textura, y se restauró el techo de madera, devolviéndole su expresividad original.
La parte de ingeniería fue completamente replanteada: se sustituyeron todas las instalaciones, se colocaron ventanas nuevas y se instaló un suelo de roble de granero — un material con su propia historia, que se convirtió en la base conceptual y táctil del interior.
Esta misma línea continúa en el mobiliario, realizado según bocetos de autor en roble de granero. El espacio se complementa con lámparas de cera — un gesto casi arcaico y singular que aporta al interior un ligero matiz de misticismo.
La capa final la forman objetos con pasado: hallazgos de mercadillos y subastas que componen un interior vivo y estratificado, donde cada detalle resuena.
En este piso en el corazón de Gràcia se reúne todo lo que valoramos en los espacios históricos: generosa altura de techos, luz que entra a raudales por grandes ventanales y la noble pátina del tiempo, que aquí no se ocultó, sino que se descubrió con cuidado.















Una pequeña redistribución permitió adaptar delicadamente el espacio a un escenario de vida contemporáneo, añadiendo un segundo baño sin alterar la lógica arquitectónica original. El gesto principal del proyecto fue la depuración: se liberaron las paredes de capas de yeso antiguo, revelando su textura, y se restauró el techo de madera, devolviéndole su expresividad original.



La parte de ingeniería fue completamente replanteada: se sustituyeron todas las instalaciones, se colocaron ventanas nuevas y se instaló un suelo de roble de granero — un material con su propia historia, que se convirtió en la base conceptual y táctil del interior.



Esta misma línea continúa en el mobiliario, realizado según bocetos de autor en roble de granero. El espacio se complementa con lámparas de cera — un gesto casi arcaico y singular que aporta al interior un ligero matiz de misticismo.



La capa final la forman objetos con pasado: hallazgos de mercadillos y subastas que componen un interior vivo y estratificado, donde cada detalle resuena.